Desmonte
Pavorosa la nota en Clarín que describe como la tasa de desmonte en Argentina (es decir, la cantidad de bosques que se talan por año como porcentaje de todos los existentes) es 6 veces mayor que la del resto del mundo. Parte de la culpa es la deforestación para sembrar soja y así aprovechar el alto precio que comanda la misma en este momento. Pero esto es pan para hoy y hambre para mañana – una vez que se ha desmontado, no es posible recuperar la biodiversidad que existía antes, el suelo mismo sufre y cambia, y el monocultivo hace que se vacíe de ciertos minerales a una velocidad rapidísima. Esto sin contar los cambios climáticos o de condensación por falta de árboles, o la salinización que provoca el desagüe de los campos irrigados.
La ley que frenaría el desmonte se encuentra bloqueda por los senadores de ocho provincias – aquellas, por supuesto, que se benefician monetariamente por el desmonte. Todo esto bajo las narices de los argentinos, que parecen estar ocupados viendo el baile del caño en Tinelli, o si Susana se cae de culo o no, o quien mea en el jardín de Gran Hermano. Jamás ha sido tan triste el nivel de desconexión social como el que estoy viendo en Argentina en estos días – es como que a nadie le importa nada salvo hacer un negocio o entretenerse un rato. Para cuando nos despertemos, vamos a ser la Isla de Pascua.
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